domingo, 13 de abril de 2008


Se me fueron los ojos por mirar la presenciaposible de las cosas que pasan como el río,como el pájaro blanco de una luna sin alas,como el cristal en donde se desnuda el silencio.Desde niña se fueron...y ahora tengo en la sangreotros ojos que miran por encima del aire,por encima de toda transparencia distante,y esta es mi pena ahora: el término y distancia;el que yo muera siempre, mientras los otros cantancuando yo me deshago de llanto entre las yerbasbuscando la sonrisa que olvidan las estrellasal huir presurosas ante la luz del día.Yo me iría tirando también como los otrosen un cauce perfecto mis redondas palabras;pero no puedo, no; hay otras formas mudasque me llaman más hondo que la voz de las aguas.Yo sé que nadie ignora la vida de mis ojosallí donde la niebla tiene rosas moradas,y el silencio devora la imagen de otra lunahecha de anochecidas canciones apagadas;allí donde los nardos son palomas crecidascon las alas quebradas,y el jilguero no es sólo la dulzura de un canto,sino una ruta ancha por donde de puntillasllega de noche el alba;quiero decir: allí donde todas las hojaselaboran por dentro de la savia fecundade sus verdes entrañas,la presencia de una primavera enterrada,en donde están gritando de angustia por su vidalas rosas que no nacen;allí están mis ojos: los ojos de mi sangre,los que miran tan sólo por encima del aire,por encima de toda transparencia distante;los ojos que me dieron, que no fueron de carne;allí están en la sangremirando el lado opuesto, la forma diferente,el oculto sentido de la carne y la esencia;porque todas las cosas tienen su doble sombra,hasta la voz y el viento.

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